martes, 24 de abril de 2012

Lo que aprendí... con los headphones puestos (Parte I)

Por: Jose Echeverría


Existen personas que les gusta escribir más que leer, algunas otras personas prefieren leer ya que les da hueva escribir. En mi caso, no importa cual de las dos cosas esté haciendo, suelo acompañarme de una taza de café, algunas galletas y no pueden faltar los headphones (Auriculares, Audífonos, Orejeras) o como sea que la gente prefiera decirles.
Y el día de ayer mientras leía un pasaje de I Corintios 13:12 comprendí muchas cosas que tenía un poco confusas dentro de mi cabeza, claro que fue tan fácil reconocer que el Señor hizo un gran trabajo de traducción divina en mi entendimiento ya que al principio no entendí ni “Jota”
Por lo general no tengo tiempo de leer en las mañanas, pero como es de costumbre a la hora de hacerlo, encendí mi iPod, lo puse en reproducción aleatoria y empecé a leer.A mi parecer era algo temprano en la mañana, la clase de Carácter había sido cancelada por José Carrera quien es Pastor de VERBO zona 9 y cobertura ministerial de DESTINO Internship Program. Los Directores Paulo y Anita decidieron que era excelente momento para hacer algunas tareas que teníamos pendiente y aprovechar así el tiempo que teníamos libre.
Mientras estaba sentado en la sala, aun con lagañas en los ojos y la taza de café inaugural, encontré ese pasaje que me hizo quemar muchas neuronas, me dejó a ciencia cierta con tanta inquietud y un hambre de entender algunas cosas que me habían quedado algo “nubladas”
El verso, cuando lo lees en la traducción estándar de la Reina Valera 1960 puedes darte cuenta que no tiene tanta lógica saber que no podemos conocer a Dios tan claramente como ver nuestro rostro reflejado en un espejo. Aquí es cuando el Scratch del vinílico de un DJ se escucha y el narrador dice: ¡Un Momento! ¿Cómo puede ser posible eso? ¿Acaso no, los espejos reflejan con tanta claridad el rostro de una persona con la finalidad de ver tanto perfecciones como imperfecciones? Eso se suele interpretar en nuestro contexto y nuestra cultura. Pero fue entonces que aumenté el volumen de la música a modo que pudiera “irónicamente” concentrarme para entender mejor.Luego de ver varias traducciones, luego de leer un par de diccionarios bíblicos, seguido de otro cafecito y un paquetito de galletas más, descubrí que en “aquella época” cuando los discípulos, los hebreos o cualquier persona, después de bañarse querían verse el rostro, tenían que hacerlo en un tipo de metal bruñido y pulido, generalmente era de cobre, plata o bronce. A este proceso se le conocía como plateo y créanme que luego de ver algunas fotos de esas cosas antiguas, entiendo que sin duda alguna verse en un espejo, en esa época era ver el reflejo alterado de tu rostro.
Fue entonces que comprendí ese pasaje. Entendí antes que nada, que para deducir muchas de las cosas que leemos, debemos colocarnos en el contexto histórico del autor y de ahí podemos tomar un punto de partida para todo lo que queramos alcanzar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario